Respiraba rápidamente, aferrada a mi almohada, no conseguía consuelo ninguno, ni siquiera la canción más bonita, un mar de lágrimas indundaban mis ojos. Apreté mis nudillos y los marque en la pared con más rabia que nunca. Pasados unos minutos pensé:¿ porque siempre tengo que acabar yo mal? Era una cuestión que no me explicaba ni yo. Cada vez mi llanto era mayor, derramando lágrimas rotas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario